2008/11/01

Mientras la naturaleza y la guerra arrasan, los funcionarios analizan
EL DESESPERO FUERZA A POBLACIÓN AL 'RASTREO' DE LLUVIA
THE STANDARD
Octubre 26, 2008

Boniface Ongeri y Adow Jubat


Un visitante en Dertu (Garissa) queda a menudo aturdido por la visión de los pobladores mirando a los cielos azules y olfateando el seco aire de yesca en busca de señales de lluvia.

Las de ellos son plegarias silenciosas, tan sólo por unas pocas gotas. En la Provincia del Nor-Oriente (NEP, en inglés por North Eastern Province) esta es la temporada en la que todos los ojos están apuntados a los cielos azules, escudriñando en el horizonte las señales de lluvia. El aire caliente es inhalado para 'rastrear' la humedad. Con una voz preocupada, el señor Ali Hussein Dayib dice: "Nosotros no hemos tenido lluvia como otras partes del país."

Lo poco que fue registrado en abril, dicen ellos, les hizo algún bien, pero tan pronto se elevaron las quemantes temperaturas que son aquí la marca de fábrica se secó la humedad en el suelo.

Cuando esto ocurre, la vida se convierte en una ansiosa espera por la lluvia.

"La distancia entre los campos de pastoreo y los ojos de agua crece significativamente cada vez que llega la temporada de seca," dice Dayib.

Es común encontrar niños hambrientos y sedientos haciéndole a los conductores señas suplicantes por agua.

Durante la temporada seca, ellos afirman caminar peligrosamente entre la supervivencia y la muerte.

"Nosotros nacemos para ser duros, pero incluso la gente más endurecida no puede soportar los efectos enervantes del calor y los largos periodos secos," dice Dayib.

Él agrega: "Si no llueve el próximo mes, nuestro ganado va a morir".

Cuando llega la sequía, la primera víctima es la educación.

Cuando El Standard se encontró el domingo con la señora Quresha Ahmed y sus cuatro hijos estudiando en colegio, ella fue directa en su respuesta: La educación se sienta en el puesto de atrás durante la temporada seca.

"La comida y el agua son normalmente nuestra prioridad," dice ella.

Ella y sus hijos estaban caminando hacia el campo de refugiados de Dadaab, a 200 km, para hacer cola por alivio alimentario con los refugiados Somalís.

Ahmed nos dijo que el padre de sus hijos, el señor Muhumet Ali Hassan, salió el mes pasado hacia Isiolo, a más de 300 km, con el ganado de la familia en busca de pasto y agua.

Los pocos niños que asisten a clases son atraídos con comida gratuita dada por el Programa Mundial de Alimentos, el cual dirige un programa de comida-por-educación para acrecentar las inscripciones y la retención.

A pesar de que el Gobierno, los donantes y las ONGs proveen comida, los habitantes dicen que la comida es demasiado poca para los ejércitos de personas hambrientas que la esperan.

El consultor principal de la NEP Josphat Maingi dice que cerca de la mitad de la población depende de la asistencia alimentaria.

A partir del momento en que los líderes sonaron campanas de emergencia respecto del desastre desenvolviéndose, muchas misiones han estado estimando la extensión de la sequía.

El mes pasado, un consultor informó que dos personas habían muerto en su tutela, pero el gobierno negó estas afirmaciones.

En el Distrito de Mandera, la distribución de alimentos ha sido obstaculizada por guerras intestinas entre clanes. Los clanes Murule y Garre descargaron sangrientas guerras los unos contra los otros el mes pasado, dejando al menos 40 personas muertas.

La lucha fue por pasto y agua. Sin embargo, algunos funcionarios han sido citados por financiar y estimular la guerra para marcar tantos políticos.

Los hospitales locales tienen que lidiar con un alto número de niños malnutridos en la medida en que los camellos y el ganado que proveen leche son conducidos a la distante Wajir en busca de pasto y agua.

Eso no es para sugerir que Wajir esté de ninguna manera mejor. Los recursos en el extenso e irregular distrito están demasiado dispersos y una rebatiña por ellos termina en enfrentamientos inter-clanes.

Desde Kulibyo, Mandera, han sido reportadas muertes de ganado así como desde otras partes del distrito deterioradas condiciones físicas, dijo Aden Mohammed -coordinador del Proyecto de Manejo de Recursos de Tierras Áridas.

"Cerca del 40% de la población, sobre todo en Mandera Occidental, encaran la hambruna," dijo el señor Mahmud Isack Dualle, el coordinador de la Agencia Rural para el Desarrollo y Asistencia de la Comunidad (Racida, en inglés) -un ONG local.

La cifra fue obtenida antes de la explosión de confrontaciones. Más de 500,000 personas abandonaron sus villas, temiendo ataques de clanes rivales.

Como si los enfrentamientos y la sequía no fuesen suficientemente calamitosos, el río estacionario Daua reventó sus orillas y mató a dos personas.

Los mercados locales de ganado han visto una repentina alza en el número de animales para la venta. Pero los precios han caído un 25% debido a la pobre salud de los animales, dice el coordinador de Racida.


Documento original
http://www.eastandard.net/specialreports/InsidePage.php?id=1143997859&cid=259&

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